Iglesia San Francisco de Quito

Leyenda de Cantuña

febrero 25, 2023
leyendas

La leyenda de Cantuña en la Iglesia de San Francisco de Quito

La leyenda de Cantuña posiblemente sea la más famosa e intrigante del Quito colonial, no solo por su trama y sus personajes, sino porque más allá de parecer un simple cuento inventado para que los niños coman la sopa existen registros que no se pueden explicar más que con esta leyenda, por ejemplo, la piedra que falta en la construcción de Cantuña, es una interrogante que pocos conocen dónde se encuentra o por mucho saben si existe o no.

Sin embargo, sobre todo esto la leyenda de cantuña no dejará de ser una de las más intrigantes y representativas de la ciudad de Quito y posiblemente una de las más escuchadas en épocas como Fiestas de Quito en donde se reluce la cultura y la historia de la ciudad capital.

Y tú, ¿conoces de que se trata la leyenda de Cantuña?

Si aún no conoces a ciencia cierta de lo que trata esta leyenda tan popular aquí te contamos:

Cuenta la narrativa ecuatoriana que, por allá por el año 1766, a un indígena llamado Cantuña los padres franciscanos le habían encomendado una gran misión, la misma que conllevaba una buena paga, y esta correspondía a la construcción de una iglesia en Quito, una gran Iglesia que, sin conocer, hoy sería una de las más importantes de la capital. Hoy en día la conocemos como la Iglesia de San Francisco. Este aceptó, el hecho terrorífico empezó cuando los padres Franciscanos pusieron como condición que la construcción tiene un plazo de seis meses, por ende, al terminarla a cambio él recibiría una gran cantidad de dinero.

Aunque parecía una hazaña imposible lograr terminarla en seis meses, Cantuña puso su mayor esfuerzo y empeño en terminarla, reunió un equipo de indígenas y se propuso terminarla en el plazo acordado. Sin embargo, la edificación no avanzaba como él esperaba. En esos momentos de angustia se le presentó Lucifer y le dijo: “¡Cantuña! Aquí estoy para ayudarte, no sufras más y termina esa obra. Conozco tu angustia. Te ayudaré a construir el atrio incompleto antes de que aparezca el nuevo día. Pero a cambio, me pagarás con tu alma”.

Cantuña aceptó el trato, solo le pidió una condición a Lucifer, que termine la construcción de la iglesia lo más rápido posible y que sean colocadas absolutamente todas las piedras.

Sin embargo, este se vio desesperado porque los diablillos avanzaban muy rápido, tal como lo ofreciera Lucifer. La obra se culminó antes de la medianoche, fue entonces el momento indicado para cobrar el alto precio por la construcción: el alma de Cantuña.

El diablo al momento de ir ante Cantuña a llevarse su alma, este lo detuvo con una tímida voz, ¡Un momento! – dijo Cantuña. ¡El trato ha sido incumplido! Me ofreciste colocar hasta la última piedra de la construcción y no fue así. Falta una piedra. El indígena había sacado una roca de la construcción y la escondió sigilosamente antes de que los demonios comenzaran su obra.

Lucifer, asombrado, vio como un simple mortal lo había engañado. Así, Cantuña salvó su alma y el diablo, sintiéndose burlado, se refugió en los infiernos sin llevarse su paga. Es así como Cantuña empezó a ser conocido como el único que fue capaz de engañar al demonio.

Pese a esta gran historia pocos son los conocedores del lugar exacto en dónde se puede observar la piedra faltante que le salvó la vida a Cantuña.

¿Conoces dónde está la piedra faltante?

Existen muchas historias sobre el lugar exacto, pero pocas son las que dan con el verdadero paradero y es que la piedra que fue capaz de salvar a Cantuña de entregar su arma al diablo. Esta piedra no viene a ser más que un desagüe, ubicado en el lado izquierdo correspondientemente en la fachada de la gran Iglesia de San Francisco. Como puedes observar en la foto, en dónde consta la “piedra faltante”.

Dato curioso:

Existen versiones en las que se dice que Cantuña no era un simple indígena si no que provenía de la sangre del gran Rumiñahui y que su piedra si se encuentra oculta con una frase que dice “el que recoja esta piedra admitirá que Dios es más grande que el” ¿Curioso, no crees?